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  • La lucha social en estas últimas semanas ha sido intensa; destacan el paro nacional del magisterio y las acciones del movimiento indígena, pero no fueron los únicos sectores que pelearon. Lo hicieron también los estudiantes universitarios y secundarios, los pequeños comerciantes, los pobladores de barrios; cada uno por reivindicaciones particulares, pero a su vez unificados en el combate al autoritarismo y a los intentos por reinstaurar elementos de neoliberalismo. Ha sido una lucha en contra de la inconsecuencia política del gobierno que se autoproclama de la “revolución ciudadana”, que en los últimos meses ha mostrado un perfil antidemocrático y ha adoptado medidas y leyes contrarias a los intereses de los trabajadores y los pueblos.

    El gobierno se ha visto obligado a retroceder y atender las demandas populares mientras la lucha estaba en pie y firme. Así Correa diga lo contrario, ¡el gobierno fue derrotado! Éste dijo que no negociaría mientras no se depongan las acciones, pero tuvo que recibir a los dirigentes de la Conaie al tiempo que los cierres de vías persistían; firmó un acuerdo con la UNE mientras más de 20 mil maestros bloqueaban el Palacio de Carondelet el día siete de octubre.

    La lección es clara: la organización y la lucha se impone, las masas populares en acción son capaces de frenar la petulancia, la insolencia, la prepotencia.

    En reiteradas ocasiones la burguesía ha sostenido que nada se saca con la lucha, y este gobierno se ha hecho eco de esas opiniones. El mismo Correa, ególatra y personalista como es, asume un mesianismo que le lleva a plantear que nada de movilizaciones ni intermediarios; él, y solo él, puede atender y solucionar los problemas de los distintos grupos sociales, pero eso sí, sin presión ni protestas. Pero una vez más ese discurso fue negado por los hechos: de no mediar la lucha, el gobierno no hubiera reconocido ninguna de las propuestas de la UNE y la Conaie.

    Otro elemento se ha reafirmado en estos días: la condición del movimiento popular ecuatoriano como sujeto político del cambio. Y esto es muy importante porque alimenta la comprensión de que las transformaciones sociales no pueden desarrollarse por encima de los intereses, la voluntad y la acción de las masas trabajadoras. Las masas marcan el desenvolvimiento de la historia.

    Estos combates librados no significa que nuestro pueblo haya tomado posición junto a la derecha y el imperialismo en contra del gobierno. El pueblo se afirma en el anhelo de cambio y demanda rectificaciones del gobierno, espera que éste retome el rumbo, pero a su vez ha lanzado una advertencia de que los combates se mantendrán si se continúa afectando los intereses de los trabajadores y el pueblo y si su voz no es tomada en cuenta.

    El gobierno de Rafael Corea tiene que comprender que no deben imponerse sus puntos de vista de manera autoritaria; nuestro pueblo delegó en él una responsabilidad para atender las aspiraciones de bienestar popular y de desarrollo del país, pero nunca le entregó un cheque en blanco para que haga lo que le da la gana, y menos en contra de los intereses populares y del Ecuador. En el proceso político que vive el país las masas populares quieren cumplir un papel activo y rechazan que esa acción pretenda ser suplantada por quienes se encuentran en el gobierno.

    Correa tiene la posibilidad histórica de corregir y avanzar, enfrentar adecuadamente las contradicciones que se presentan en la sociedad ecuatoriana privilegiando los intereses de los trabajadores y los pueblos, afectando a las clases dominantes y combatiendo a las fuerzas de la derecha política. Nuestro pueblo está vigilante que así ocurra, de no ser así… sabrá hacer escuchar su palabra.

    Tomado del semanario En Marcha

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