A esta altura del partido, para qué sirve una ley de cultura pregunto yo…!
Y la única respuesta es -para cambiar este país- de eso se trata, sino para que estamos acá…. sino ¿para qué nos convocamos?.
El cambio se evidencia cuando aquello que llamamos Cultura nos lleva a ser hombres y mujeres nuevos en una sociedad nueva y distinta.
En nuestro país, los ecuatorianos tenemos una serie de aspectos que requieren ser combatidos y desterrados: la corrupción en todos los niveles, el machismo como expresión patriarcal, el facilismo que no ayuda a superarnos, el arribismo como complejo de inferioridad, el amarre para conseguir las cosas, el alcohol como catalizador de la fiesta; todas estas son taras heredadas de modelos de desarrollo impuestos, que hacían ver al triunfador (blanco y de corbata) como el ideal masculino a seguir, o la bella y delgada (blanca y rubia) como el prototipo femenino.
Esos modelos también nos estratificaban entre blancos, menos blancos, con apellidos más o menos europeos o populares, con abolengo o sin él. Pero además nos enseñaron que, si naciste en el sur o norte de la ciudad, en el centro o en la ruralidad, eres persona de tal o cual clase, que determinará el nivel y tipo de acceso a relaciones sociales a comodidades, contactos e incluso a ejercer derechos. Todo esto ha definido el porvenir de hombres y mujeres.
Esos modelos de vida también nos enseñaron a despreciar aquello propio de nuestra cultura, el espíritu familiar versus el individualismo, el trabajo colectivo solidario versus el trabajo asalariado individualista, nos enseñaron a valorar más la palabra escrita que la palabra dada, es así también que pasamos a pensar que por ser pequeños y oscuritos, nuestros saberes no tenían valor, por eso muchos todavía comen Macdonals y no un plato de mote. De esos modelos aprendimos que lo nuestro no es cultura sino Folklor, que no hacemos arte, sino artesanía, que lo nuestro no es ciencia sino superstición.
Si es para seguir pensando que lo que viene de fuera es mejor, si es para seguir pensando que los Sanjuanes son malos o que Ricky Martin si sabe cantar, o para seguir creyendo que Rambo existe, si es para seguir pensando eso, entonces para que una Ley de Cultura.
¿Qué rol tiene la cultura en los cambios por venir?
Las grandes revoluciones han sido grandes porque han basado su lucha en cambiar la cultura imperante, así la revolución francesa marcó un hito en los derechos del ser humano y nos volvió iguales, libres y solidarios; la revolución Rusa profundizó en la construcción de sociedades igualitarias; la gran revolución Cultural China diseñó una sociedad nueva sin olvidarse del pasado. Las revoluciones por tanto son revoluciones del pensamiento, son revoluciones de la cultura.
Es decir los cambios profundos se han hecho desde adentro del pueblo, buscando cambiar la sociedad en su ser -la familia- para trascender a la sociedad y no sólo hacer cambios en el bienestar, pues podemos tener más comodidad, pero manteniendo el machismo o la homofobia. La transformación cultural es clave para un cambio real de estructuras. Esta transformación cultural pasa por recuperar identidades propias o, por lo menos, cuestionar las existentes para revitalizarlas.
Cambio cultural implica recuperar nuestra cultura y potenciar lo mejor de ella, también es dejar aquello que nos entristece, por llenarlo de aquello que nos alegra. Por ello una ley de cultura debe aportar, ser el puente, el vínculo entre los sueños de una sociedad justa e incluyente y el rol del Estado como garante de lo soñado.
Así veo esta ley de Cultura, no es el principio ni el fin del cambio, solo el medio para llegar. Por ello esta ley debe ser de tal magnitud que nos enorgullezca de lo que somos y a donde pertenecemos, que nos potencie, que catalice los cambios en la sociedad, que nos haga más humanos, nos haga más felices, ¡sino para qué….!
Si los cambios que queremos, solo son estadísticas, presupuestos y balances, y no tienen alegría y no tienen música o no están llenos de colores o palabras cómplices y susurros inesperados, entonces para que sirven los cambios.
¿Qué Cultura? ¿Qué Estado?
Dos aspectos en constante cambio
Una cultura apropiada, vivida, proyectada y reproducida por la población, se convierte en el motor que el Estado requiere para avanzar. Pero Estado y Cultura no siempre avanzan al mismo ritmo o andarivel.
La cultura de ayer no es la que tenemos ahora, porque así como el mundo cambia, la cultura cambia con él y el Estado cambia con él. Estado y cultura requieren ser repensados de acuerdo al momento en que vivimos. Desde sus orígenes, el Ecuador ha tenido un Estado que ha negado su cultura o en el mejor de los casos la ha folklorizado para funcionalizarla.
Pero también ese Estado ha asumido visiones de culturas prestadas o en muchos casos impuestas por las clases dominantes y modelos consumistas. El reto ahora es que, el Estado y cultura caminen juntos, que la visión de desarrollo del Estado, sea resultado de la visión del mundo –cultura- que tiene el pueblo en este momento histórico y en este territorio. Un Estado con interculturalidad, ese es el reto. Significa enfrentar retos similares, construir la sociedad con Sumak kausay establecida en nuestra Constitución.
La historia reciente nos muestra que para el Estado, en los últimos 50 años, la cultura en nuestro país ha sido un apéndice, una carga, un problema. Por ello los presupuestos han sido paupérrimos y hasta insultantes.
En ese mismo contexto, para los gestores culturales, para los creadores del Arte, el Estado ha sido visto como el contrario y no como el soporte para sus creaciones. Por ello la cultura en nuestro país se ha desarrollado no con el Estado, sino a pesar de él, en las calles, veredas, parques y plazas.
De igual manera los pueblos y nacionalidades han visto como el Estado los mira como Folklor “exóticos” dignos de una postal y no como ciudadanos con derechos y deberes. Y estos miran al Estado como el “civilizador” aquel que busca homogenizar imponiendo una sola visión del mundo.
Si es para tener un Estado que controle todo, o tener un Estado que no controle nada, y que a la final no quede otra que hacer cultura con o sin Estado, entonces para qué sirve una ley de cultura.
¿Para qué una ley de cultura?
El reto ahora es entender la cultura desde otra perspectiva, como el soporte de toda la estructura del Buen Vivir. Significa por ejemplo que la cultura sustente cambios en nuestras formas de ser y actuar individual y social. La creación del espíritu, del alma, trasciende y logra cambiar a las personas y también a las sociedades. Un cambio cultural significa por ejemplo pasar de una cultura patriarcal con características sexistas, homófonas, machistas; a una cultura de solidaridad y de respeto a la diferencia.
Esto no se logra de la noche a la mañana, sino con el desarrollo de una nueva visión de cultura, como expresión humana, como manifestación del espíritu a la que todas y todos accedan sin restricción, libremente.
Si no es para ser felices y sonreir a pierna suelta, si no es para aumentar las alegrías, si no es para elevar nuestro espíritu, si no es para mirarte como igual, si no es para saber que hay esperanza, entonces para qué sirve una ley de cultura.
¿Para qué la cultura?
Esta visión entiende la cultura en sus dos acepciones:
1) como producto de la creación humana, el arte y
2) las visiones del mundo y la ancestralidad de los pueblos de nuestro país;
Por esta razón no podemos hablar de cultura en singular, sino de culturas en plural, así es más democrática y no excluyente. Entendida así, hablaríamos también de las culturas urbanas que se expresan en las diferentes ciudades y de las culturas que expresan los pueblos y nacionalidades del país y de otras culturas que puedan surgir.
NO podemos hablar de cultura nacional, entendida como única. La Constitución reconoce la interculturalidad. Es decir en la Constitución ya se entiende que hay más de una cultura, su interrelación y convivencia. En el territorio de Ecuador existen más de 14 pueblos y nacionalidades con igual número de idiomas.
No podríamos hablar de cultura como si fuera una sola, así como no podemos hablar de música ecuatoriana o danza ecuatoriana, como si fuera una sola. Debemos hablar en plural.
La cultura sirve para mirarnos de frente y encontrar el futuro, sirve para caminar juntos el mismo camino. Sabiendo que atrás ni pa tomar impulso, sino para qué sirve una ley de cultura.
¿Qué tiene que ver la Cultura con el Buen Vivir?
El espíritu de la cultura es la libertad, libertad creadora, libertad irreverente, por ello, libertad con poder. La cultura soñada está llena de autonomía, como autónomo es el grafitero, el teatrero de la calle, el cantor del autobús, el rockero o hiphopero.
La cultura soñada es aquella que no cabe en una ley –no por ello exenta de derechos que el Estado debe garantizar- es aquella que se transmite a través de las recetas de la abuela, de los agachaditos de la esquina, de los juegos tradicionales, de la gallada en la esquina. De las fiestas del barrio, la vaca loca y el palo encebado.
No podemos seguir viviendo de espaldas unos de otros. La interculturalidad nos abre el camino. Para desarrollar el Sumak kausay, se requiere juntar potenciales.
La nueva visión de cultura es entender también todo aquello que nos identifica, que nos hace únicos e interculturales, que nos hace Shuar, Quichua, Afro ecuatorianos, Cholos, Montubios, Mestizos o Rockeros: la selva, el mar, la comida, el idioma, la música, los modos de construir la vivienda, el baile, la distribución del espacio, la ciudad e infinidad de expresiones que se transmiten de generación a generación.
Que los versos del poeta me ayuden a llevar las cargas, que los pasos de la bailarina inspiren mi amanecer, que el rondador de forma a mis sueños y los platos dulces de la abuela sean la razón para despertarse, sino para qué sirve una ley de cultura.











Excelente nota. Compa Mariangel despues de leer su artículo me queda una sensación de alegría interna, espero que sus actuaciones vayan de la mano con su su pensamiento. un abrazo fraterno.